Pequeña reflexión de una animalista
Cada mañana me pregunto cuando acabará mi lucha, nuestra lucha, la de todos los animalistas y sobre todo la de los grandes indefensos; los animales.
¿Por qué los nazis que dicen ser una raza
superior a las personas de color -siendo todos humanos-
son peores que los humanos que creen ser mejores
que un perro, un toro o un avestruz, siendo todos animales?
El problema es la condición egoísta y prepotente
del que dice ser un ser humano, que no es tal,
sino mucho más animal, que a los que somete, y oprime.
Los seres humanos pensamos que el resto de los animales
que hay sobre el planeta, han nacido para complacernos
a nosotros... ¿Por qué no pensar que nosotros hemos
nacido para complacerles a ellos?
Una persona que realmente sabe apreciar lo que te da
un animal, una persona sensible y con sentimientos
de verdad, sabe que un animal no está para pruebas
científicas, ni para entretenerse viéndole morir,
ni para hacerse abrigos de piel; un animal está para
vivir igual que nosotros, para ser feliz sin hacer
daño a los demás, para tener su propio espacio sin
impedimentos que nosotros inventemos, y como mucho,
para dar cariño, y compañía y repartir amor. No tiene
obligaciones, porque eso, lo hemos creado nosotros,
y por lo tanto no es asunto suyo.
Yo prefiero morirme sin que se haya encontrado una
solución a mi enfermedad, y saber que gracias a eso
he salvado vidas que seguro valdrán mucho más que
la mía, a saber que vivo a costa de la vida de otros
seres, a costa del sufrimiento ajeno, de la explotación...
Pero es que, vamos más allá, precisamente porque no
somos iguales, no sirve de nada que experimenten en
animales porque a nosotros eso no nos sirve de nada...
por lo tanto, ni siquiera mirado desde el punto de
vista egoísta hay forma de contrastar esto.
Nadie necesita para vivir desodorantes artificiales,
ni espuma del pelo, ni detergente, ni comer animales,
ni divertirse viéndolos morir, ni nadie necesita regalar
el simpático cachorro para que cuando crezca aparezca
atropellado sobre el asfalto que nosotros hemos inventado
bajo el caucho que nosotros convertimos en apisonadoras.
Y tú, que estás leyendo estas palabras, quizá pienses que
estás libre de pecado, pero seguramente no lo estés, porque
poquísima gente no lo está, no hablo de tu simpático perrito,
al que seguro que quieres y das todos los caprichos, hablo del
cordero que te comiste el domingo, del toro que viste morir en
los ruedos, y de tu impasividad ante las injusticias. No
les abandones en su supervivencia,
Lucha con ellos!!