Artículo publicado por Arturo Pérez Reverte en El País (Julio del 2002)
Los perros del Pepé por Arturo Pérez Reverte
Una vez, cuando era niño, un pastor tiró delante de mí un perro al pozo
de una mina.
Le ató una cuerda al cuello, amarró un trozo de hierro viejo
de las vías del ferrocarril, lo llevó hasta el agujero, el pobre
Animal trotaba alegremente a su lado, sin saber lo que le esperaba; y allá
se fue el perro, arrastrado por él peso.
Lo oí aullar al caer, y todavía, mientras tecleo estas palabras, sigo oyéndolo.
Se estaba volviendo
loco,me dijo el pastor, y zanjó el asunto.
Hasta ese día; el pastor, un
hombre joven y rubio con el que yo charlaba a menudo cuando iba a jugar al monte y me lo
encontraba, había sido amigo mío. Me enseñó algunas cosas que todavía
recuerdo sobre hierbas, cabras, ovejas y perros ovejeros, y tengo en la
cabeza el chasquido de su navaja cuando, a la sombra de una higuera,
compartía conmigo rodajas de pan, queso y un vino muy áspero de la bota que
siempre llevaba.
Nunca supe su nombre, o tal vez lo olvidé a partir de ese
día. Tampoco volví a acercarme a él.
Después de aquello, cuando lo veía de
lejos, él levantaba una mano para saludarme, y yo levantaba también la mano.
Pero seguía mi propio camino.
Recuerdo que correteaba junto a él un
perro nuevo, y que me pregunté si cuando también se volviera loco lo tiraría al
mismo pozo. Supongo que sí, que lo hizo.
Ahora, con los años, después de
haber visto hacer cosas peores lo mismo con perros que con seres humanos,
comprendo que el pastor no era un mal tipo, o al menos no peor que el resto
de nosotros.
Sólo era algo más elemental, quizás. Más bruto. Con ese duro
sentido práctico de la gente de memoria campesina, que sabe lo que cuesta
una boca más por alimentar, aunque sea la de un perro.
Gente a la que curas
fanáticos, ministros canallas y reyes imbéciles hicieron, durante siglos,
analfabeta, despiadada y miserable.
En cualquier parte del mundo, la infame
condición humana sólo necesita pretextos para manifestarse.
Y en cuanto a
pretextos, la España que hizo a ese pastor siempre los tuvo de sobra.
"Una multita de nada. Un pescozón. Ya saben: vete, hijo, y no peques más.
Ahora, cuarenta años después, tengo delante una foto que recuerda aquello:
dos perros galgos ahorcados por sus dueños en un pinar de Ávila.
La foto
tiene actualidad parque el partido del Gobierno, o sea, el Pepé de esta
España que dicen va de cojón de pato, se pasó el otro día por el forro de
los huevos un documento con más de 600.000 firmas exigiendo que se castigue
con más dureza el maltrato cruel a los animales.
La cosa venía a cuento de
los que los hijos de la grandísima puta que hicieron aquello sigan tan
campantes;ojalá sepan ellos mismos un día lo que es morir como
perrosmientras los mozos de escuadra, o la guardia civil, o quien puñetas
tenga la competencia de esclarecer el asunto, anda tocándose la flor sin que
a nadie se le caiga la cara de vergüenza.
Pero resulta que el Pepé no ve la
cosa tan grave. Para qué dramatizar, dicen.
Abandonar a un animal doméstico
o maltratarlo sólo es, para el Código Penal y para ellos, una falta contra
los intereses generales que se castiga con una multita de nada. Un pescozón.
Ya saben: vete, hijo, y no peques más.
Y (a mayoría parlamentaria de esa
peña de gilipollas impidió que el pasado abril prosperaran cuatro
proposiciones de ley para que el maltrato a los animales se considere
delito, y se castigue con arrestos de fin de semana y penas de prisión
cuando medie muerte del animal.
Tampoco se trataba de silla eléctrica, como
ven. Pero no. El Pepé dijo nones. El Peneuve, por cierto, se abstuvo, fiel a
esa equidistancia política exquisita que mantiene lo mismo cuando alguien
mata perros que cuando alguien mata concejales.
Y al final salió en la tele
un tiñalpa repeinado y con corbata rosa fosforito, para decir que bueno,
oigan, que tampoco hay que precipitarse, y que un hecho concreto como el de
Tarragona no justifica la modificación de un texto legal. Olvidando que en
esta ruin España se tortura y se mata animales impunemente y a
diario, que sigue habiendo peleas de perros, que se ahoga a los cachorros, que se ahorca
a los perros de caza que no satisfacen a sus dueños, que hay animales que
son apaleados a la vista de todo el mundo sin que nadie intervenga, o que
miles de ellos son abandonados cada año;
Abuelo al asilo, perro a la
carretera cuando a sus propietarios les incordian para las vacaciones o se
les mean en la alfombra.
Y que todo eso ocurre porque la presunta autoridad
competente ni siquiera intenta hacer cumplir las ridículas normas mínimas
que ya existen.
Y también porque nadie agarra por el cogote a uno de esos
animales bípedos cuando se le pilla con las manos en la masa, y le sacude, a
falta de legislación adecuada, media docena de hostias.
Pues al final
resulta que cualquiera puede torturar gratis a un perro; pero darle una
buena estiba a un hijo de la gran puta no es civilizado ni europeo, y a
quien detienen y multan y empapelan es a ti.
Hay que joderse. Me pregunto en
qué se fundarán esos imbéciles para creer que vale más un ser humano
embriones incluidos- que la lealtad, la honradez y los sentimientos
de un buen perro.